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lunes, enero 05, 2009

Pasé por ahí o un intento de homenaje

El viernes será el último día. Tengo una banca.... Pasé por ahí. 

Me detuve ahí pocas veces. Era un esquina obligada, por muchas cosas. Llegué a Coyoacán cuando andaba por los quince. Un amigo de la secu nos incitó a ir y fuimos. Luego esas calles se volvieron parte de mi y he vagado por ellas desde entonces. No recuerdo con exactitud cuando fue que pasé por ahí por vez primera, tampoco recuerdo cuando fue la primera vez que vi el café con sus bancas en la banqueta. Quizá sólo apareció de repente ante mis ojos por generación espontánea. La generación espontánea no existe. Fue el tío abuelo y el abuelo y el papá de Manolo A. quienes lo hicieron posible. Pero eso lo sabría muchos años después, cuando él y yo coincidimos en una clase donde jugábamos con vectores y matrices y algunos chistes por escrito y donde él me presento al Packt Like Sardines in a Crushd Tin Box y donde yo decidí crear el ¿Tiene un mapa del gato? Luego, un día, fui con él a el lugar de los encuentros. No recuerdo que bebí... ¿franciscano? ¿dominico? Manolo aprobó la clase de los vectores y las matrices. Yo no. Cambié de rumbos. Hasta que algún designio me volvió a poner de nuevo por esas calles. Entonces pasaba algunas veces por un americano y me iba a trabajar a los gallineros de Mayorazgo. Me gustaba ver las fotos que colgaban de las paredes. Después mis rumbos se quedaron de nuevo en el sur y deje de ir. Sin embargo era inevitable platicar del café cuando platicaba de Manolo. A veces me da por platicar de Manolo. Lo tengo en alta estima. Manolo es singular. ¡Hasta se ríe de mis chistes! O quizá posee un extraño sentido de la simpleza. No diré más. ¡Callar! 

Ahora se me hace un nudo en la garganta que llega hasta los dedos. 

El Viernes pasé por ahí. Fui con Charo. De primera intención pensaba ir solo. Pero era mejor ir acompañado, el café sabe mejor en compañía. Y como ahora no tengo soledad compañera pues mejor presencia acompañante. Nunca he sabido a que hora se cerraba el café de Manolo. Siempre que pasaba estaba abierto. Salvo que pasara por ahí a deshoras, y por deshoras quiero decir más allá de las 23 horas. Así que temí llegar y que ya estuviera cerrado. Era el último día. Llegué pasadas las 19:30 horas. Pedí un franciscano y un capuchino, pero ya no tenían del primero. Sólo les quedaba americano normal y capuchino. Muchas cosas ya estaban desmontadas. La mujer que atiende y un hombre del que escuche su nombre pero que ahora no recuerdo entre que atendían y entre que empacaban. 
Me dio tristeza ver los muros desnudos. 
Ordene dos capuchinos. De camino al café le platiqué a Charo, una vez más, como había sido que conocí a Manolo y la historia sobre el café que acababa de postear -y yo de leer- sobre el negocio familiar. Charo se puso sentimental. Será porque ella también es de esas personas que le han entrado a crecer con un negocio familiar y sabe del cariño que se le toma a la actividad y el aprecio por los clientes y su lealtad. 
Yo quise ir al café por solidaridad, por estima, por cariño sincero a un amigo, por demostrar apoyo. 
Me dio tristeza ver los muros desnudos. 
Nos sentamos en una de las bancas a beber los capuchinos y ver la vida pasar, a comernos un par de galletas que descubrí reposando detrás del contenedor de los agitadores. A platicar sobre las leyendas pintadas debajo del toldo, a esperar que no pasaran coches para tomar una foto que yo insistí en hacer y de la que Charo hizo más de cuatro tomas para que yo al final eligiera la segundo y ella me dijera ¡Ves, te lo dije, esa era la buena! Luego yo quería huir con una banca en la espalda (por la que luego le enviaría en pago a Manolo explicándole que tomara la lana o me la devolviera pero que me quedaba con la banca), pero Charo no me dejo. Ella dice que yo me quiero quedar con todo lo que me gusta y que eso no se puede, pero yo afirmo lo contrario.Se debe de poder, quizá no ahora, pero en algún momento. Luego en una de esas regresé y pedí otra galleta. Luego, en otra, regresé, husmee y compré un tarro para el sugar. Hubiera querido comprar todo. Comprar todo el edificio, la cuadra entera, comprar todo y luego no llevarme nada. Hacer una acción de rescate. Aún cuando yo sólo pasara de vez en cuando por un americano. Sólo por el placer de decir: esa cafetería es de Mi Amigo Manolo, así, con mayúsculas. Hubiera querido encontrarme con Manolo y estrecharle la mano. 
Me dio tristeza ver los muros desnudos. 
¿Qué va a pasar con todas esas fotos? Seguro serán guardadas en cajas en espera de un muro o irán a vivir separadas unas de otras habitando en muros ajenos, poblando pedacitos de muros por separado, nunca de nuevo con el mismo vecino aun cuando el destino las lleve a un mismo espacio. Y lo mismo con las cosas que vivían en aquellas vitrinas y todo lo que habitaba en ese lugar.
Me dio tristeza ver los muros desnudos. 
Charo hizo los clics, yo fui el autor intelectual, pero fue ella quien cachó mis ideas y las llevo a cabo. Muchas de ellas las mejoró, ella siempre mejora los encuadres que yo pienso. 

El viernes pasado, pasé por ahí. 

A propósito de

Dann a llegado. Nó sé por qué tardó tanto. No escribe mal. Al menos se preocupa por la ortografía. Creo que escribe como platica. Contando la historia peculiarmente. Yo intento hacer eso y no me sale muy bien. Divago mucho. Escribo algo que me lleva a otra parte y luego no regreso. O luego regreso de forma intempestiva. Bueno, esa es mi autocrítica. Hasta ahora nadie me ha dicho nada. Y ahora me da por escribir con oraciones cortas, punteando. Como si me detuviera a respirar. Como si estuviera caminando de un punto a otro mientras platico -escribo-, y el punto llegara justo a la hora en la que giro sobre los talones dando media vuelta de regresa al punto anterior. Dann es más suelto. Me parece. No lo sé bien. Sé algo de semiótica y análisis del discurso y análisis literario, pero no soy experto. ¡Aún no puedo terminar -de hacer un breve análisis no profesional- con Conducir un tráiler! Y ahora llega Dann. A proposito del blog de Dann, lo adornó con dos fotografías. Pero la que me ocupa es la que está hasta abajo. La que sella el blog. La que lo firma de manera certera. A mi parecer. Esa es la imagen que me ocupa en este instante. La que ha provocado ésta platica -escritura- punteada. La que me ha hecho pensar en lo siguiente.

Es bueno viajar acompañado. Me gusta viajar. Disfruto viajar sólo. Pocas veces lo he hecho en realidad, pero me gusta hacerlo. Pero viajar acompañado puede ser más divertido. No digo que se lleve la compañía todo el tiempo, digo que es bueno tener compañía en algunos momentos. Especialmente cuando de tomar fotos se trata. ¿Quién si no va a fotografiarnos? Y más vale llevar -o encontrar- a alguien que sepa un poquito de foto. No me gustan las fotos clásicas donde a fuerzas te ponen en medio de una iglesia y luego el pelao se aleja y se aleja hasta hacer caber la iglesia -o el edificio sutano o mengano- y ¡clic! Total que al final, cuando la quieres ver, debes de usar una lupa para ubicarte, ¡miren! ¡ese punto azul con rojo soy yo frente a... ! O luego salen fuera de foco o quemadas o te las hacen a contraluz y no se ve más que la silueta. No quiero fotos profesionales, sólo fotos decentes. Fotos que puedas mostrar y presumir. El tripie es buena opción, pero no siempre, él no sabe en que momento te va a poder cachar de forma espontánea. Adoro las tomas espontáneas. Creo que por eso y algunas razones más es bueno ir acompañado en ciertos viajes, a ciertos lugares. No sé que tan buena es la foto del Dann, pero me gusta. Creo que es bueno viajar con amigos. Sirve además que no dejas todo el corazón esparcido sobre el aeropuerto cuando el avión parte, llevas a alguien que seguro cacha un trozo para colocártelo cuando sienta que haga falta. Creo que es bueno llegar con amigos. Sirve que alguien recoge un trozo de corazón que haya quedado sobre la pista y luego lo envía por paquetería ultrarápida para que cuando aterrices tu amigo(a) te lo coloque donde y cuando haya que. Sería de fábula que todos viajáramos o pudiéramos tener un amigo fotógrafo que apareciese en esos momentos del viaje que quieres guardar con celo y decoro e hiciera un sonoro "¡clic!" con mucho estilo.    

¿Qué cosa más grande que tener a alguien con quien te atrevas a hablar como contigo mismo?
Marco Tulio Cicerón